lunes, 24 de agosto de 2009

"Tío Alberto"




Es el hermano de mi madre. Hombre exquisito, si los había por entonces, hablaba inglés y francés a la perfección. Cuidaba su presencia y modales, adoraba el té de las cinco. Sabía de pintura, fotografía, de vinos y de mujeres de alto standing. Una mezcla de filósofo y poeta soñador que hablaba del amor y de sus largos viajes. Sobre sus faldas recorrí mundos de fantasías y relatos inconclusos que cambiaban en cada visita.
Por entonces estaba abocado al conocimiento del offset. Todo impreso que pasaba por sus manos iba a dar bajo su lupa, “el cuenta hilos”, como le gustaba llamarlo a él. Me mostraba las distintas tramas y me hablaba de los últimos avances de la fotocomposición.
En realidad para entonces todo lo que estaba cerca de él pasaba por debajo de su lupa. Telas, comidas, insectos, flores y aquella tarde yo, que contaba con trece años y un cuerpo que empezaba a bullir por todos lados. Fue en el garaje de casa cuando me dijo
“A ver, ponte ahí”
Y tras observarme detenidamente agregó
“ Tienes muy buen nivel de fluctuaciones asimétricas”
Un gesto interrogante se dibujó en mi cara
“¿Qué tengo?”
El se acercó y tocó mis pechos que para entonces habían estallado en mi cuerpo, palpó mis nalgas y mis piernas, de manera descarada y abierta pero os aseguro que sin mala intención, simplemente como quien toca un objeto para corroborar lo que piensa de él, y respondió.
“Buenas fluctuaciones asimétricas”
Reí y pregunté.
“¿Y eso es bueno?”
“Sí, muy bueno”
“¿Significa que soy bonita?”
”No”
“¿Entonces qué significa?”
“Significa que eres atractiva, muy atractiva”
“Por eso, que soy bella.” Afirmé.
“No. La belleza es ausencia de dolor.” Replicó con absoluta seguridad.
“¿Entonces qué?”
“Ser atractivo no tiene que ver con la belleza sino con las fluctuaciones asimétricas. Eso es lo que hace que una persona se sienta atraída por otra, no su belleza”
Aún desconcertada pregunté.
“¿Y eso me hará feliz?”
“No” Y tras hacer una pausa mirándome directamente a los ojos agregó.
“La felicidad, y esto es importante no lo olvides nunca, es la ausencia de miedos. Vive. Vive sin miedo y serás feliz.
Lo que harán tus fluctuaciones es que tengas muchos pretendientes hija mía y debes prepararte para ello, así que habla con tu madre, ella sabrá orientarte al respecto”
Luego de esta última frase dejé el garaje curiosa ante algo nuevo que debía aprender y fui directo a interrogar a mi mamá que estaba trabajando en la cocina. Ella me preguntó de dónde había sacado esas cosas y relaté, con la inocencia de la edad, la situación del garaje con el tío Alberto. Cuando llegué al momento en que tocó mis pechos, mi culo y mis piernas, noté que ella empezó a palidecer. Tras escuchar todo el relato, secó sus manos con el paño de cocina y se dirigió al garaje donde el tío Alberto seguía pasando objetos bajo su lupa.
Inmediatamente estalló la discusión, el tío se mostró ofendido por las afirmaciones de mi madre. Consternada y sabiéndome ahora responsable del conflicto, me dirigí al garaje para salir en defensa del tío Alberto. En cuanto lo hice la reacción de mi madre fue cruzarme la cara con dos bofetones y mandarme a mi cuarto. Al tío le dijo que no volviera por nuestra casa y que si lo hacía hablaría con mi padre y si hacía falta también con la policía.
Esas palabras cerraron la discusión.
Desde mi ventana y con lágrimas en los ojos, vi marcharse al tío Alberto. No le he vuelto a ver. En la mesa de garaje dejó su lupa, y estoy segura que para mí.
Con el tiempo y a cuenta gotas llegaban noticias de él. Alguien lo vio en Londres tomando el té de las cinco, recién llegado de África donde había pasado dos años estudiando la mariposa del geranio. ¡Seguro, ese es mi tío!
Las veces que intenté hablar con mi madre al respecto de aquella situación se mostró inflexible con el tema. Y mucho más cuando llegó la noticia que andaba por Viena con una jovencita de veinte años. Para mi madre esa era la prueba cabal que su hermano era un degenerado.
En cuanto a mí, sigo pensando que no hubo obscenidad en su gesto y arrastro la culpa del destierro familiar del tío Alberto.
Por cierto tenía razón, mis fluctuaciones asimétricas atraen muchos pretendientes. Todos pasan bajo la lupa de mi tío que es lo único que conservo de él, junto con aquel concepto que me quedó grabado ese día.
“La felicidad es la ausencia de miedo. Vive. Vive sin miedo y serás feliz”

Los otros colegas
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7 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Quizás el Tío Alberto podría haber el hecho el examen desde la distancia.
Se hubiera evitado todo tipo de suspicacias.

No sé si la ausencia de miedos equivale a la felicidad, pero seguro que no perjudica.

Saludos.

zayi dijo...

Mi opinión personal es la misma que Toro (mejor haber colocado distancia), pero los personajes que has creado son de lo más deliciosos ...me ha gustado la lealtad y la protección de la madre, el desconocimiento y la ingenuidad de la niña, la sencillez y la excentricidad conjugadas al mismo tiempo en el mismo hombre ( lástima que los que los creamos seamos los únicos que los conocemos...así quedó sin haber hecho "casi" nada, aunque en la mayoría de ellos tienen el común denominador de que aman a los niños y no quieren hacerles daño)...Me gusta cuando leo algo que me deja pensativa, confusa y comprometida con el tema... tu relato ha sido de esos.
Besitos.

María dijo...

Me ha gustado mucho este relato, de la niña con su tío Alberto, y también opino lo que Toro, que, para evitar líos, el Tío Alberto tenía que haber hecho ese examen mejor desde la distancia, porque mira luego dónde le llevó cuando se lo contó a su madre, quién ésta lo vió con otros ojos, y no con la ingenuidad de la niña, que precisamente, ésta, se quedó y aprendió una gran sabiduría de su tío, y que es, y lo vuelvo a recalcar aquí que: "La felicidad, y esto es importante no lo olvides nunca, es la ausencia de miedos. Vive. Vive sin miedo y serás feliz".

La niña, por lo visto, no lo olvidó, pero desde luego que yo tampoco lo voy a olvidar porque me parece muy importante esa frase, y estoy totalmente de acuerdo con ella, pero lo encuentro muy dificil, vivir libre de toda ausencia de miedos, no sé cómo se puede conseguir.

Saludos.

Lunática dijo...

Tío Alberto se ha mostrado muy sagaz. La historia que narras es simpática desde los ojos de la sobrina que sólo ve lo que su tío quiere que vea. ¿Será que la lupa oculta "las visiones" escabrosas a los ojos de la sobrina?, ¿es un objeto mágico?

En general me agradó su lectura y hay frases curiosas:
-"mamá que estaba trabajando en la cocina"... Me parece que la escribes así adrede para hacer constancia del papel que se le otorga a la mujer/madre.
-“La felicidad es la ausencia de miedo. Vive. Vive sin miedo y serás feliz”... ¿Cómo se consigue esto? Creo que es una utopía. Me viene a la mente el libro titulado El mundo feliz de A. Huxley. Sé que el argumento de dicho libro no es exactamente lo que dice el tío Alberto, pero aunque la felicidad probablemente va reñida con el miedo, no veo cómo vivir sin uno u otro según las circunstancias de cada día.
- "Tienes muy buen nivel de fluctuaciones asimétricas"... Me parece muy elocuente esta frase.

Por último, decirte que la idea de la sobrina examinando con lupa a sus pretendientes es a la par graciosa (imagínate la situación... ) y a la vez triste.
Bs.

eva-la-zarzamora dijo...

La belleza es ausencia de dolor, pero no de miedos.
Los miedos son algo que arrastramos y seguimos viendo con lupa... tal vez con la mirada distorsionada de aquellos que ni siquiera los provocasen, sino a través de la de los demás, de aquellos que no supieron ver a través de la misma lente con la que nosotros tan solo vimos, aprendizaje e inocencia.
La culpa, en este caso, aparece como sentimiento latente, tan persistente como el miedo.
Bello relato.

Mil besos, Angel.

R. Alzala dijo...

Interesante texto con sus momentos.
Claro, sencillo, directo.
Un saludo.

“Tienes muy buen nivel de fluctuaciones asimétricas”

Jejeje qué no dirías tú tío Alberto.

María dijo...

Hola, El Angel, venía a ver si tenías algún post nuevo, leerte siempre, es una gran satisfacción.

Te dejo mis saludos.

Un beso.